¡Buenas tardes queridos chicos y chicas!
Es de público conocimiento que esta situación inédita de cuarentena continúa al menos hasta el 26 de Abril. Es una situación que nos pone a prueba a todos y todas como sociedad. Frente a esta delicada problemática se han borrado muchas barreras que en tiempos denominados como “normales” tomamos como parte de nuestro sentido común. Frente a esto no hay barreras políticas, no hay barreras religiosas, ni ideológicas o económicas. A todos y todas por igual nos está afectando.
A ustedes como estudiantes y a nosotros como profesionales de la educación. Juntos (quizás más que nunca paradójicamente) tenemos un gran desafío adelante nuestro. Probablemente no sea descabellado pensar en aquellas sociedades donde el vivir encerrados es parte de su vida cotidiana. Pero para nosotros los Argentinos esto no es para nada usual. Y nos cuesta muchísimo comprender que para lograr superar esta crisis es necesario que cada uno y cada una desde su pequeño lugar en el universo haga algo tan mínimo pero fundamental como quedarse en su casa cuidándose y cuidando a los demás.
Este siglo XXI nos está enseñando a los golpes y de forma muy vertiginosa lo pequeños que somos como especie. Lo errados que están quienes tienen puesta la razón en lo superfluo y lo material. Nos está enseñando como quiso enseñarnos Jesús desde su humildad que de nada sirve la razón si no está puesta en el otro. Una mano extendida hacia el otro. Nada más simple que eso.
Todas estas reflexiones surgen de la gran pregunta que nos estamos haciendo los educadores del mundo entero: ¿Qué es la Escuela sin la presencialidad? ¿Cómo hacemos Escuela sin el encuentro cara a cara? ¿De qué sirve una escuela secundaria que no propicia el encuentro? ¿Cómo aseguramos que la Escuela perdure frente a todo cuando no todos tienen un acceso óptimo a las tecnologías de la comunicación?
Y de a poco nos lo vamos respondiendo entre todos. Con intentos. Con más errores que ensayos. Pero si de algo estoy seguro es de que la Escuela hoy debe ser la trinchera desde donde podamos sostener el encuentro. Este enemigo invisible es letal pero no cuenta con que nosotros podemos resistir desde la trinchera-escuela. Ese lugar que en las guerras del siglo XX significaba el punto límite para frenar el avance del enemigo. No se podía ceder ese espacio mínimo porque ahí sí que llegaría la derrota definitiva. Era el último pedacito de tierra a defender para protegerse del avance enemigo.
En esta ocasión, el tiempo nos viene a enseñar lo inútil de esas guerras, lo absurdo del enfrentarnos unos con otros. Esta vez estamos todos del mismo lado, peleando contra un enemigo común que no vino de un planeta extraño ni del fondo de los abismos submarinos. Vino desde adentro de nosotros mismos, muy probablemente haya nacido de la misma desidia humana, no importa por ahora. Lo que si importa y mucho es que nos puso a todos del mismo lado del campo de batalla y no podemos cederlo al enemigo. Y estoy convencido de que la Escuela es uno de esos espacios privilegiados para defender lo que nos queda: el futuro. ¿Qué quiero decir? Que el futuro son ustedes, nuestros jóvenes. Y ahí está nuestro mayor tesoro como sociedad. Esa es la porción de tierra más preciada que no podemos ceder ante nadie nunca.
Por ello es que los docentes nos encontramos atravesados por un sinfín de dilemas y preguntas. Nos estamos reinventando. Estamos construyendo una nueva escuela desde arriba del escenario, mientras la actuamos. Por eso es que muchas veces ustedes puedan sentir que los estamos sobrecargando de información, de materiales, de actividades. Porque este virus nos abrió la oportunidad de construir una nueva escuela desde cero pero también junto a nuestros estudiantes. Y en ese camino estamos andando. Son sólo dos pasitos dice el refrán montañero: la decisión y la perseverancia.
Pero para que esta nueva Escuela termine de nacer, necesitamos del compromiso y la participación activa de todos sus actores y actrices: allí es donde entran ustedes queridos y queridas estudiantes.
Más que nunca en nuestra historia como docentes necesitamos estudiantes comprometidos, conectados, atentos, alertas, despiertos. Más que nunca necesitamos que ustedes nos demanden, nos reclamen, nos pidan. Necesitamos que asuman su rol con la mayor de las responsabilidades. Necesitamos que hoy se conviertan en futuro. Que hoy sean mañana. Y no solamente cumpliendo con lo que los docentes les pidan, sino pensando ustedes también otras formas de hacer escuela, como les gustaría que fuera esta escuela. No sólo resolviendo ecuaciones o armando líneas históricas, sino simplemente tal vez hablando con los profes. Buscando canales donde encontrarnos. Generar ENCUENTROS. Tan sencillamente con el objetivo de no entregarle al enemigo nuestro más preciado don: la capacidad de amarnos.
Porque si terminamos encerrándonos en nosotros mismos y no seguimos buscando la forma de llegar al otro, esta batalla ya está perdida. Si triunfa el individualismo, la ansiedad, la soledad, el encierro; entonces, ya no tendremos más que hacer y tendremos que levantar la bandera blanca. Y perdonen esto jóvenes, pero las palabras resignación, abandono, renuncia, derrota….no figuran en el diccionario de los docentes.
Por todo esto, tan sólo queda decirles que asuman su lugar en la Historia. Si. Con mayúsculas. Sean protagonistas de esta Historia. Respondiendo. Buscando como llegar a sus docentes. Respondiendo a los profes al menos para decirles como están, como se están sintiendo, como están atravesando el espíritu de estos tiempos. Haciendo, a veces a destiempo…no importa…pero Haciendo. Hinchando el pecho con orgullo de estudiante y no mirándola desde afuera. No eligiendo el camino más sencillo, eso es para cobardes.
Y si entre todos y todas logramos esto, más temprano que tarde, habremos atravesado esta oscuridad y podremos mirarla desde el futuro con el orgullo y la seguridad de que hemos sido dignos actores y actrices de una Historia muy compleja y habremos crecido sosteniendo nuestra trinchera intacta: La Escuela.
Profe Diego E. Sauret
Director
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