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lunes, 13 de abril de 2020

CIENCIAS POLITICAS 5TO AÑO.

 CIENCIAS POLITICAS 5TO AÑO.

 M. WEBER Y A. GRAMSCI.

¡Hola a todes!
¡Espero que estén bien uds y los suyos!
Continuamos con otros dos de los precursores del pensamiento político:

Las formas de legitimidad del poder político (Max Weber).

Muchos sienten en mayor o menor medida una especie de repulsión ante el concepto “poder” y no es para menos, las imposiciones externas nos suelen parecer injustas. Nos gusta la sensación de tener el control. Ese sentimiento de rechazo es más intenso cuando hablamos de poder político, el más capaz de hacer efectivas sus coacciones. En las últimas décadas la visión que tenemos en las democracias occidentales sobre el poder político ha empeorado. Sentimos a menudo cosas como que el poder corrompe, que los políticos solo buscan permanecer en el poder, que el poder solo beneficia a los que lo ejercen, etc. La percepción que actualmente tiene el ciudadano medio del poder político es que se trata de algo hipócrita y teatral, una actividad principalmente autointeresada. Motivos no faltan para pensar así, en su ejercicio siempre hay parte de eso. Aún así a muchos este poder les parece un mal menor, necesario e incluso hasta cierto punto legítimo. Y con legítimo me refiero a que para ellos ese poder tiene una especie de autoridad que va más allá de la que se impone por el mero uso de la fuerza. No es un hecho menor. Aunque muchas veces este respeto es poco más que un acatamiento pasivo, esta legitimidad es lo que confiere estabilidad (durabilidad) a los sistemas políticos.

Max Weber, uno de los padres de la sociología y autor obligatorio para estudiantes de ciencia política, hizo del “poder” uno de los centros de su reflexión. Su estudio puede servirnos para entender mejor los orígenes de la legitimidad del poder.

Weber sostiene que en toda sociedad humana existen unos determinados sistemas de interacciones e interrelaciones sociales entre los diferentes integrantes que la componen y que detrás de estos casi siempre se esconde un sistema estructurado de dominación. La dominación -según Weber- es la capacidad de ciertos individuos y grupos de suscitar la obediencia más o menos voluntaria de otras partes de la sociedad. Esta obediencia no es total, está acotada a unos “mandatos” específicos. En el caso de los regímenes democráticos la dominación proviene de unos representantes legitimados en las urnas y la obediencia se acota a los mandatos ejecutivos y legislativos de éstos. La “voluntariedad” de la dominación es un hecho importante; a diferencia del poder puramente coercitivo que se mantiene principalmente por la imposición, el poder legitimado, la dominación, se mantiene porque los dominados están convencidos de la “positividad” de su obediencia. Es más, hay un cierto reconocimiento de la autoridad del que domina; el subordinado acepta su coerción. Cabe preguntarse cómo surge este convencimiento. Weber plantea (con el foco en la historia) que esta legitimación puede surgir, principalmente, de tres fuentes distintas (que pueden darse al mismo tiempo):

Legitimación del poder tradicional:
Esta legitimación se basa en “la fuerza del pasado”, en la tradición del grupo. Por ejemplo, las antiguas monarquías hereditarias fundamentaban su poder en la antigüedad de su linaje. La legitimación del poder de los monarcas venía de muy atrás, prácticamente porque “siempre había sido así”.

Legitimación del poder carismática:
Esta legitimación proviene de la apreciación de los atributos individuales (percibidos) de un líder particular, del carisma de éste. Los dictadores han tenido éxito en acumular poder de esta forma. El problema de este tipo de legitimación es que se desgasta rápidamente y es difícil encontrar sustitutos con igual carisma.

Legitimación del poder legal-racional:
Esta legitimación deriva de argumentos (ético)racionales. Por ejemplo: “el gobernante manda porque lo dice la ley” y esa ley que fue aprobada en un parlamento elegido democráticamente es la mejor forma de disponer de unos medios (coerción estatal) para lograr unos fines concretos (seguridad, libertad,etc.). Esta legitimación suele estar presente en las democracias representativas: los representantes gobiernan porque se piensa que su elección “limpia” (siguiendo las leyes) en las urnas es la mejor forma posible (la más justa) de gobierno del “pueblo”.

En cambio el poder sin dominación se mantiene sobre todo por las diferentes formas de coerción (físicas y psíquicas) que sus detentadores intentan aplicar sobre el individuo. En último término este poder se aguanta gracias a que logra persuadir (utilizando la violencia física si es necesario) a muchos para que piensen que él es más poderoso de lo que realmente es. Los titulares de este tipo poder intentan que los gobernados crean que no tienen poder propio (cuando sí lo tienen) para mantener su posición en la estructura de interacción social.
Los sistemas electivos son un medio bastante eficaz de generar una cierta aceptación voluntaria del poder entre los gobernados.

Weber añade que el ejercicio del poder es más efectivo cuanto más fuertes son los lazos afectivos sobre los que puede apoyarse. Este hecho es observable en la relación entre padres y hijos donde el poder es manifiesto por parte de los padres (sí, es una analogía un tanto extrema). Un hijo acepta sin oposición buena parte de las órdenes de sus padres porque el vínculo de afecto entre ellos es muy fuerte. Esta característica del poder podría explicar porqué las instituciones políticas suelen intentar reproducir intencionalmente estos vínculos de afectividad entre la población. Cuando el vínculo entre el subordinado y el poder es más estrecho, la entrega del subordinado es todavía mayor y los que ejercen el poder se encuentran con menos obstáculos.

De estas pinceladas sobre el el funcionamiento del poder creo que es importante destacar la idea de que el poder político se perpetua en el tiempo porque los gobernados creen que así tiene que ser (por alguno de los tres motivos mencionados anteriormente). Sin la colaboración de los que obedecen (de una parte importante de ellos) la dominación no funciona correctamente. Si por algún motivo el vínculo se deteriora, las resistencias se multiplican y el poder se ve obligado a hacer malabarismos para mantener su autoridad.

HEGEMONIA CULTURAL COMO LEGADO DE A. GRAMSCI.

La hegemonía, desde Antonio Gramsci, era un proceso en el cual los subordinados debían imponer otro "escenario" con la pena de acabar en la misma estructura social anterior. Un ejemplo posterior de esto fue aquello en lo que se convirtió la Revolución rusa.
Se puede pensar que una teoría de la hegemonía gramsciana, emparentada con la superestructura de Marx y la teoría de la "maldad estructural" del teólogo de la liberación Walter Wink, puede contradecir a la teoría de clases de Karl Marx porque habría idealmente bases de contacto entre el ejercicio de la dirección política y el de la dirección intelectual (en una base social) y la importancia será avanzar, sumando cualquier tipo de alianza (interclasista si es necesario) con el fin de conquistar un modelo cultural y contraponerlo contra el hegemónico con lo que se lograría superar el desnivelamiento entre opresión y moral histórica, fractura que también se podría entender anteriormente como contradicción de clase.
El evolucionismo de Herbert Spencer fue fundamental a la hora de dotar de un esquema procapitalista aún a los proyectos que iban contra el liberalismo, como el comunismo. Bajo ese influjo, en el cual cayeron hasta los marxistas, la teoría de la hegemonía cultural se cumplía: en el Estado social, o fuera de éste, la lógica del "progreso" se mantiene.
Ese tipo de poder político que construye una relación en la que un actor político es capaz de generar en torno a sí un consenso, en el que incluye también a otros grupos y actores subordinados. Es decir, un grupo o actor concreto con unos intereses particulares es hegemónico cuando es capaz de generar o encarnar una idea universal que interpela y reúne no sólo a la inmensa mayoría de su comunidad política sino que además fija las condiciones sobre las cuales quienes quieren desafiarle deben hacerlo. No se trata sólo de ejercer un poder político sino además hacerlo con una capacidad de hacerlo incluyendo algunas de las demandas y reivindicaciones de los sentimientos y sentidos políticos de grupos subordinados despojándolos de su capacidad de cuestionar el orden hegemónico liderado por el actor hegemónico que lo dirige.
Este autor señala que no se debe asociar la hegemonía con cualquier tipo de ventaja, primacía o liderazgo ya que esto implicaría desposeerlo de su carga explicativa.

Hegemonía cultural y pensamiento único.

Cuando Jürgen Habermas cuestiona la idea de opinión pública, la idea que está detrás es la misma: la cultura es un poderoso inmovilizador de la capacidad reinventiva de los pueblos y sus valores son la manera en que todo orden burgués se perpetúa más allá de los lamentos de elementos más ortodoxos de distintas tendencias económicas capitalistas. Sin embargo, él mismo declara no trabajar en ese sentido y declina abandonar la cultura burguesa en pos de un proyecto invisible, pese a ser un pensador de la Escuela crítica.
En la globalización, el problema se radicaliza. El Mercado adopta un sitial -incluso discursivamente irrenunciable- y su dominio profundiza la manera en que el capitalismo se transforma en la única manera de entender el desarrollo de la especie humana. Para autores contemporáneos que trabajan el tema de hegemonía y cultura (Noam Chomsky, Ignacio Ramonet, Samir Amin), la globalización extiende el control de la minoría privilegiada contra la mayoría subordinada en un marco en el cual se anexa progresivamente el pensamiento desregulado de Mercado con un proyecto cultural hegemónico en el planeta.

--A continuacion encontraras unos links para que puedas ampliar el tema:

 

La semana próxima tendremos una actividad.
¡Cuidense y cuiden a los demás!

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